Propuesta de documento de consenso - Los medios de comunicación y las adicciones

Propuesta de documento de consenso

Los medios de comunicación y las adicciones

Logroño, 12 marzo 2015

 

Con la finalidad de superar el estigma, sería conveniente que las personas que sufren una adicción, -independientemente de que la sustancia problema sea alcohol, tabaco, tranquilizantes, analgésicos u otras drogas-, sean considerados como personas enfermas, huyendo del criterio erróneo de que son personas que tienen alguna debilidad personal, como poca “fuerza de voluntad”.

Los periodistas deberían acudir a las fuentes científicas, antes de informar sobre aspectos relacionados con alcohol, tabaco, tranquilizantes y otras drogas, con la finalidad de que los contenidos informativos no incurran en la tendencia a expresar opiniones más especulativas que científicas, basadas en los tópicos y las creencias erróneas que circulan habitualmente por los medios de comunicación. Por otro lado, los profesionales de las adicciones podrían transmitir los conocimientos que tienen un fundamento científico en un lenguaje más divulgativo y pedagógico.

Los medios de comunicación deberían transmitir una información veraz sobre las conductas adictivas, y además, podrían actuar como divulgadores de la información científica, con la finalidad de ampliar y mejorar la información que tienen los ciudadanos sobre la salud.

Transmitir mensajes que destacan los aspectos positivos del alcohol y otras drogas, o que pueden disparar la curiosidad para experimentar con el alcohol y otras drogas o que banalizan sus consecuencias negativas, no va a favor de la salud ni de reducir la epidemia de las conductas adictivas, sino en sentido contrario. Convendría destacar las potenciales consecuencias negativas para el consumidor de alcohol y drogas, así como también las consecuencias negativas para las personas del entorno del consumidor y sobretodo para sus familiares (conflictos domésticos, malos tratos, accidentes, desempleo, pobreza, etc.). Y deberían destacar el aspecto positivo de las posibilidades de rehabilitación, con efectos personales y sociales.

El contenido de la información puede inducir a banalizar las posibles consecuencias negativas del consumo de alcohol y otras drogas. Por ejemplo, el concepto de “drogas recreativas” tiende a generar una imagen de que tomar drogas va asociado a “pasarlo bien” y no a las probables consecuencias negativas. Por ejemplo, el consumo de cigarrillos, bien sean de tabaco o de cigarrillos electrónicos, suele conducir a la adicción a la nicotina.

Las dogas y las adicciones tienen características propias, en función de las particularidades de cada enfermo adicto. Por tanto, el impacto que tienen en cada persona puede tener consecuencias diversas y específicas. Además, conviene tener en cuenta el frecuente poliabuso de sustancias. Es decir, el abuso de una droga suele estar acompañado por el de una o varias sustancias más. Por ejemplo, el abuso de drogas suele estar acompañado por atracones de bebida y el abuso de alcohol suele estar acompañado por el de tabaco, tranquilizantes y también por otras drogas.

La interpretación de los datos de cualquier estudio puede tener muchos matices. Sería recomendable que los profesionales de los medios de comunicación se pongan en contacto con expertos para que les asesoren en esta tarea y, al mismo tiempo, los expertos tendrían que colaborar con los medios de comunicación para que puedan difundir acertadamente a la población general los mensajes más apropiados para la promoción de la salud, citando además sus fuentes lo más detalladamente posible para poder evaluar la solidez de las evidencias difundidas.

Es importante cuidar el lenguaje visual. Un debate crítico sobre el alcohol (en la televisión) no debería ser ilustrado con imágenes de fondo de una discoteca, de la licorería o la barra de un bar o de personas bebiendo o intoxicadas por la bebida, que tienen comportamientos que parecen divertidos. Estas imágenes –que son muy parecidas a las que utiliza la publicidad sobre las bebidas alcohólicas- son precisamente imágenes diseñadas para inducir al consumo de alcohol, que además tienen un mayor impacto en los jóvenes y adolescentes. No es fácil, pero se requiere un esfuerzo de productores y guionistas.

El fenómeno de la drogadicción tiene consecuencias negativas para las personas que conviven con el adicto y también para toda la sociedad. En consecuencia, los expertos y los periodistas tendrían que subrayar los “efectos colaterales” del consumo individual (violencia doméstica, accidentes de tráfico, etc.), de manera parecida a los procedimientos utilizados para el tabaco en los que se han definido claramente las consecuencias negativas para los fumadores pasivos y también las limitaciones a su consumo, en relación con los derechos de los no fumadores.

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