Los estados emocionales negativos, los abusos sexuales y las expectativas de autoeficacia son factores de recaída en las mujeres

MÁLAGA, 8 DE MARZO DEL 2019 |La perspectiva de género es una categoría de análisis estructural, simbólica e individual de comprensión e intervención que permite identificar las asimetrías, disimetrías o inequidades que surgen a partir de unas relaciones socialmente construidas sobre el poder y la exclusión hacia las mujeres/lo femenino. Sólo a partir de estos parámetros es posible entender cómo incide esta estructuración social en la salud de las mujeres en general, y en su consumo de drogas en particular.

Uno de los aspectos centrales en el análisis del consumo de drogas por parte de las mujeres es su relación con los contenidos incluidos en la construcción de su identidad, las mujeres son socializadas en la dependencia, y mientras que la dependencia como adicción no es socialmente aceptable para ellas, especialmente cuando interfiere con sus roles como amas de casa, trabajadoras, madres, hijas o novias, la dependencia como subordinación es una norma socialmente aceptable, o incluso deseable, prescrita para las mujeres. Una mujer con problemas de adicción no está cumpliendo los roles socialmente preestablecido para ella. Se sufre un doble estigma, el de persona con adicción y el de mujer con adicción: ‘mala madre’, ‘mala esposa’, ‘mala hija’, ‘mala cuidadora’, etc.

“En el área concreta de las adicciones, la investigación actual muestra, por un lado, que las mujeres drogodependientes difieren de sus homólogos varones respecto de sus patrones de uso de drogas, características psicosociales y fisiológicas, prácticas, sentidos y motivaciones, así como en las consecuencias de dichos consumos y, por otro lado, que esas diferencias no proceden tanto del hecho de consumir drogas como de las experiencias o vivencias vinculadas con las cuestiones de género”, explica Patricia Martínez Redondo, autora junto con Elisabete Arostegui Santamaría del libro ‘Mujeres y drogas’ que se presenta en las XLVI Jornadas Nacionales y I Congreso Internacional de la sociedad científica Socidrogalcohol.

También existen evidencias acerca de que hombres y mujeres, una vez que han dejado de usar sustancias recaen en circunstancias diferentes. “La investigación desarrollada al respecto ha generado una base teórica lo suficientemente consistente como para afirmar que los factores de riesgo y los desencadenantes que hacen a hombres y mujeres vulnerables a la recaída son diferentes, así como las emociones y respuestas conductuales que se manifiestan durante y después de esos episodios. Pese a la constatación de esas diferencias, en nuestro contexto el uso de drogas por parte de las mujeres resulta objeto de interés sólo desde los últimos 30 años; ha existido muy poca sensibilidad para aplicar un enfoque de género a los programas de drogodependencias debido al androcentrismo que ha presidido la investigación en esta materia, y se ha procedido a generalizar sobre las mujeres los resultados extraídos a partir de la realidad masculina”, explica Arostegui, y añade: “Este manual surge desde ahí y pretende ser una herramienta útil para terapeutas que deseen intervenir desde nuevas perspectivas, interpretaciones y enfoques de trabajo sensibles al género”.

Martínez argumenta que los estados emocionales negativos, los abusos sexuales padecidos en la infancia y/o las expectativas de autoeficacia juegan un papel primordial en las recaídas de las mujeres, y no tanto en las de los varones. También se sabe que las mujeres son más propensas que ellos a recaer en presencia de una pareja y que esta opción resulta menos probable cuando están solas. En comparación, también son más propensas a informar de problemas interpersonales antes de la recaída, muestran más problemas psicológicos, afectos negativos y/o influencia de la pareja cuando acontecen estos episodios: “Los desencadenantes comunes de las recaídas de las mujeres incluyen traumas no resueltos, sentimientos negativos sobre sí mismas, preocupación por los problemas interpersonales y patrones de pensamiento que retrotraen a las mujeres al pasado y no les permiten avanzar”.

Pero también hay aspecto positivos diferenciales. Se ha observado una asociación significativa entre el establecimiento de alianzas terapéuticas entre las mujeres en tratamiento y una menor probabilidad de recaída y, “a partir de estas evidencias se han formulado propuestas de trabajo sobre las recaídas en grupos integrados únicamente por mujeres, los cuales han obtenido resultados exitosos fuera de nuestro contexto geográfico”, comenta Martínez: “La estrategia grupal, junto a la incorporación del enfoque de género permite a las mujeres identificar los factores estructurales, contextuales y sociales que desencadenan su uso de drogas para, una vez hallados, puedan ayudarse y ser ayudadas en la búsqueda de estrategias de afrontamiento alternativas, no destructivas”.

Los tratamientos de drogodependencias no han sistematizado todavía este tipo de intervenciones. Lo que quedaría por hacer, en este sentido es:

·         Generar entornos terapéuticos sensibles al género, con profesionales con una adecuada formación teórica y práctica en perspectiva de género.

·         Reconocer que los roles atribuidos y las expectativas de género determinan las actitudes sociales hacia las mujeres que abusan de sustancias, generando falta de apoyo y una doble penalización social.

·         Asumir la función y la importancia que tienen las relaciones y vínculos en la vida de las mujeres, sin patologizarlo y desarrollando herramientas de intervención acordes a un enfoque desde perspectiva de género.

·         Atender a la importancia que juegan los problemas socioeconómicos en sus vidas por razón de género, y las diferencias que genera esa cuestión en sus procesos.

·         Entender y trabajar sobre las preocupaciones de salud específicas de las mujeres.

·         Impulsar una perspectiva de desarrollo personal o empoderamiento.

·         Comprender la relevancia e influencia que implica el ejercicio de los múltiples roles de cuidadoras que asumen en el curso de sus vidas.

·         Incorporar el trabajo sobre todas las violencias que experimentan las mujeres por el hecho de serlo.